Cuando por fin se rompió el silencio, cuando, por fin el conocido y añorado rumor de su voz volvió a mis oídos, cuando sus labios musitaron aquella noticia, temida e inexorable, me encontré haciendo lo único que siempre deseé no hacer: saturé mi cabeza, para no pensar. Llené mi mente de cálculos, de cualquier cosa que me mantuviese alejado de la realidad. Mi subconsciente dominaba mientras yo, encadenado a la bruma, gritaba en desesperación.
Tanto en la bruma, como en el intransigente encierro mental, me encontré abrazando un recuerdo incorpóreo; hundido en un solo acto de locura. Me vi a mí mismo embriagado con la idea desquiciada de una dimensión paralela en donde aún no perdía mi mente, ni desvariaba en copas de coñac.
Me vi desaparecer en el titánico agujero negro de soledad, que producía el reflejo de sus ojos, ahora inalcanzables.
lunes, 14 de noviembre de 2011
viernes, 11 de noviembre de 2011
Nota del autor. -no es escrito-
Si tengo el blog un poco descuidado, es porque la universidad no me ha dejado mucho tiempo, y, me tomé un ligero descanso para evaluar el rumbo de mi escritura. De todas formas, ahora que se acercan las vacaciones, trataré de actualizarlo más seguido, y, bueno, eso.
Para los lectores que se comunicaban conmigo vía formspring, supongo que ya sabrán que lo cerré. Pueden, de todas formas, comunicarse conmigo vía twitter. @HagarEinherjer
Eso es todo. Saludos.
Para los lectores que se comunicaban conmigo vía formspring, supongo que ya sabrán que lo cerré. Pueden, de todas formas, comunicarse conmigo vía twitter. @HagarEinherjer
Eso es todo. Saludos.
lunes, 17 de octubre de 2011
Prosa pérfida desvariante.
El sonido barroquiano del clavecín me introdujo lentamente en un mundo irreal y paralelo, caí en sopor. En la seguridad del sopor, no me sentí perseguido, de repente, ya no estaba solo, y me dormí. No estaba en un lugar en específico, y no podía distinguir la época, todo parecía extrañamente igual, en el vacío. ¿Estaba realmente dormido? No sentía diferencia alguna, aparte de esa extraña sensación de tranquilidad, no era familiar para mí, no hacía parte de mi realidad, y por eso supe que estaba soñando.
Soñé que ella seguía aquí, viviendo, que era la luna, y yo era sol y estrellas, me vi a mí mismo a su lado, la protegía, mis brazos se entrelazaban en su cuello, y ella respiraba despreocupada. Soñé que había una sonrisa en sus labios; una sonrisa sincera y totalitaria, no había espacio para la tristeza en ella, porque, en este extraño sueño, la cálida caricia incorpórea de su risa, era el único sentimiento que salía de sus labios, y en sus ojos no había vacío ni melancolía ocultándose detrás de esa máscara que ella tenía para no hacerme notar que gracias a mí, era miserable.
Soñé que no había un nudo que quemaba mi garganta, ni un agujero negro en mi pecho que congelaba mi corazón, y mis venas, porque, en ese lugar, ella se encontraba conmigo, y ella curaba mis heridas, y purificaba mi sangre y que en ese entonces, mi existencia no se resumía ni encajaba a la perfección, en la palabra perfidia, porque ella hacía de mí alguien mejor.
Al despertar, noté que estaba soñando con el pasado una vez más, en esa época en la que mi cielo todavía no me había traicionado, y el veneno que se desprendía de mis besos, no había marchitado su cristalino corazón. Al despertar, recordé que cuando ella se fue, mi vida se apagó.
N/a: la ultima frase hace referencia a erase una vez el amor, pero tuve que matarlo.
Helga, shafka jalan atthirari anni. <3
Soñé que ella seguía aquí, viviendo, que era la luna, y yo era sol y estrellas, me vi a mí mismo a su lado, la protegía, mis brazos se entrelazaban en su cuello, y ella respiraba despreocupada. Soñé que había una sonrisa en sus labios; una sonrisa sincera y totalitaria, no había espacio para la tristeza en ella, porque, en este extraño sueño, la cálida caricia incorpórea de su risa, era el único sentimiento que salía de sus labios, y en sus ojos no había vacío ni melancolía ocultándose detrás de esa máscara que ella tenía para no hacerme notar que gracias a mí, era miserable.
Soñé que no había un nudo que quemaba mi garganta, ni un agujero negro en mi pecho que congelaba mi corazón, y mis venas, porque, en ese lugar, ella se encontraba conmigo, y ella curaba mis heridas, y purificaba mi sangre y que en ese entonces, mi existencia no se resumía ni encajaba a la perfección, en la palabra perfidia, porque ella hacía de mí alguien mejor.
Al despertar, noté que estaba soñando con el pasado una vez más, en esa época en la que mi cielo todavía no me había traicionado, y el veneno que se desprendía de mis besos, no había marchitado su cristalino corazón. Al despertar, recordé que cuando ella se fue, mi vida se apagó.
N/a: la ultima frase hace referencia a erase una vez el amor, pero tuve que matarlo.
Helga, shafka jalan atthirari anni. <3
domingo, 9 de octubre de 2011
Ella desaparecía.
Ella desaparecía, y yo no lo notaba. Pasaba por alto que estaba cada vez más ausente.
Ella desaparecía, y yo seguía ahí, viéndola; creyendo ingenuamente que todo seguía igual.
Ella desaparecía... estaba muriendo, yo no me daba cuenta.
Ella desaparecía, y yo seguía en la jaula donde una voz incorpórea susurraba tenue y repetidamente que todo estaba bien.
Ella desaparecía, y las cadenas me subyugaban a la ignorancia, como un velo que cubría mi rostro...
Ella desaparecía, y yo estaba alejándome de ella.
Ella desaparecía: yo seguía existiendo.
Ella desaparecía y el brillo de sus ojos ahora trémulo, me sacó del trance nebuloso en el que estaba.
Ella desaparecía, y corrí desesperado, tratando de alcanzar una meta imposible, mientras ella desaparecía, yo trataba de darle la mano, de no dejarla caer en el abismo: no eran más que fútiles intentos.
Ella desaparecía, y ahora, inconsciente, yacía acostada en mis rodillas.
Ella desaparecía, el aliento de la vida se le escapaba... yo la miraba, como un niño que contempla una colmena de abejas incendiándose.
Ella desaparecía, sus costillas protuberantes se pegaban a su piel, y sus pulmones eran casi visibles, y sus venas transparentes.
Ella desaparecía, y yo sostenía sus manos esqueléticas, con mis ojos nublados por el velo, desvariaba.
Ella desaparecía, y yo podía ver que las cuencas de sus ojos estaban ahora vacías, y que ya no podría ver nunca más la luz de la luna iluminándonos en el reflejo de la lluvia.
Ella desapareció, y yo me quedé sentado en la tierra, aferrándome a un recuerdo etéreo.
Ella desapareció, al igual que el sol, la luna y las estrellas.
Ella desapareció, y yo seguí existiendo... y maldije a la muerte al no desaparecer con ella...
Cuando ella desapareció, yo me dejé caer al abismo, solo para encontrar que estaba de nuevo en la jaula, sujeto a las cadenas de su memoria.
Ella desaparecía, y yo seguía ahí, viéndola; creyendo ingenuamente que todo seguía igual.
Ella desaparecía... estaba muriendo, yo no me daba cuenta.
Ella desaparecía, y yo seguía en la jaula donde una voz incorpórea susurraba tenue y repetidamente que todo estaba bien.
Ella desaparecía, y las cadenas me subyugaban a la ignorancia, como un velo que cubría mi rostro...
Ella desaparecía, y yo estaba alejándome de ella.
Ella desaparecía: yo seguía existiendo.
Ella desaparecía y el brillo de sus ojos ahora trémulo, me sacó del trance nebuloso en el que estaba.
Ella desaparecía, y corrí desesperado, tratando de alcanzar una meta imposible, mientras ella desaparecía, yo trataba de darle la mano, de no dejarla caer en el abismo: no eran más que fútiles intentos.
Ella desaparecía, y ahora, inconsciente, yacía acostada en mis rodillas.
Ella desaparecía, el aliento de la vida se le escapaba... yo la miraba, como un niño que contempla una colmena de abejas incendiándose.
Ella desaparecía, sus costillas protuberantes se pegaban a su piel, y sus pulmones eran casi visibles, y sus venas transparentes.
Ella desaparecía, y yo sostenía sus manos esqueléticas, con mis ojos nublados por el velo, desvariaba.
Ella desaparecía, y yo podía ver que las cuencas de sus ojos estaban ahora vacías, y que ya no podría ver nunca más la luz de la luna iluminándonos en el reflejo de la lluvia.
Ella desapareció, y yo me quedé sentado en la tierra, aferrándome a un recuerdo etéreo.
Ella desapareció, al igual que el sol, la luna y las estrellas.
Ella desapareció, y yo seguí existiendo... y maldije a la muerte al no desaparecer con ella...
Cuando ella desapareció, yo me dejé caer al abismo, solo para encontrar que estaba de nuevo en la jaula, sujeto a las cadenas de su memoria.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Succubi
Las nubes antecedieron la bruma, esta, a su vez, atrajo a las tinieblas, en las tinieblas no hubo luna, ni luz en cera que pudiera disipar la niebla.
Ninguna antorcha, ni luz, ni estela, nada más que tiniebla. Parpadeé, lo hice con fuerza; convenciéndome después de un tiempo que no había diferencia: ojos cerrados o abiertos, la oscuridad era la misma, la oscuridad no evanescía, la luz estaba desterrada.
Caí en el sopor, obligado por el aire denso, aún frío, de la mano de la luz ausente, mezquina. No hubo sin embargo diferencia alguna entre sopor y lucidez, nada que me permitiese saber en dónde estaba en realidad... una cama, el bajo astral, el Hades.
El aire se hizo prescindible, así como la vida, así como la realidad; a lo largo del túnel incierto en el que estaba, eché de menos mis sentidos; ahí estaba yo, en medio de la nada, adormecido, como un anciano de ojos débiles, pasos lentos, pulso trémulo, hablar sereno, de oídos debilitados y reflejos entumecidos, como si la luna con su ausencia se hubiere llevado hasta la última gota de vitalidad de mí.
Ansié despertar, pero, ¿estaba realmente dormido? y entonces la sentí: la fragancia inconfundible de los pétalos de una rosa primaveral que, al alba, aún se aferra a los dedos sempiternos de la nieve, que guiaban un abrazo inexorable de singular calidez, matizando con el gélido ambiente circundante, y reconocí con los sentidos adormecidos, la suavidad propia de la seda; del abrazo inconfundible de una amante.
Sus dedos recorrieron mi espalda, oí su voz musitar palabras que mi mente no podía procesar... y traté de abrir los ojos para ver sus labios, ver el brillo de sus ojos, aún así, estaban abiertos, pese a la distancia milimétrica, todo seguía oscuro, como si no estuviese ahí. Sus labios rozaron los míos, la respiración agitada que emitía se posó en mi cuello, alejándome completamente de cualquier recuerdo hostil, y, por ende, del mero principio de la existencia, pues nos fundimos, de repente; y ya no hubo lugar para pensamientos, ni una voz interior hablando, ni la vitalidad que restaba en mí, que, de repente, se evaporaba, dejándome satisfactoriamente vacío, como en una nube de éxtasis...
Y entonces, desperté, todo rastro de ella no estaba, ni del fuerte peso que sometía a mis sentidos, ni del sopor sempiterno que me embriagaba, tampoco había rastro de mi vida, que, con ella, había desaparecido, no quedaba nada más en aquél lúgubre lugar que los restos de un hombre que ya no se aferraba a su existencia, con sangre en el pecho, y la huella en cenizas del beso de una succubo, que mientras él, por primera vez se sentía completo, drenaba todo lo que alguna vez hubo en él, para siempre.
N/a: Dedicado a Helga, mi sueño lúcido, quien en vez de nutrirse de la llama de la vida que hay en mí, la alimenta; la hace más brillante. <3
Ninguna antorcha, ni luz, ni estela, nada más que tiniebla. Parpadeé, lo hice con fuerza; convenciéndome después de un tiempo que no había diferencia: ojos cerrados o abiertos, la oscuridad era la misma, la oscuridad no evanescía, la luz estaba desterrada.
Caí en el sopor, obligado por el aire denso, aún frío, de la mano de la luz ausente, mezquina. No hubo sin embargo diferencia alguna entre sopor y lucidez, nada que me permitiese saber en dónde estaba en realidad... una cama, el bajo astral, el Hades.
El aire se hizo prescindible, así como la vida, así como la realidad; a lo largo del túnel incierto en el que estaba, eché de menos mis sentidos; ahí estaba yo, en medio de la nada, adormecido, como un anciano de ojos débiles, pasos lentos, pulso trémulo, hablar sereno, de oídos debilitados y reflejos entumecidos, como si la luna con su ausencia se hubiere llevado hasta la última gota de vitalidad de mí.
Ansié despertar, pero, ¿estaba realmente dormido? y entonces la sentí: la fragancia inconfundible de los pétalos de una rosa primaveral que, al alba, aún se aferra a los dedos sempiternos de la nieve, que guiaban un abrazo inexorable de singular calidez, matizando con el gélido ambiente circundante, y reconocí con los sentidos adormecidos, la suavidad propia de la seda; del abrazo inconfundible de una amante.
Sus dedos recorrieron mi espalda, oí su voz musitar palabras que mi mente no podía procesar... y traté de abrir los ojos para ver sus labios, ver el brillo de sus ojos, aún así, estaban abiertos, pese a la distancia milimétrica, todo seguía oscuro, como si no estuviese ahí. Sus labios rozaron los míos, la respiración agitada que emitía se posó en mi cuello, alejándome completamente de cualquier recuerdo hostil, y, por ende, del mero principio de la existencia, pues nos fundimos, de repente; y ya no hubo lugar para pensamientos, ni una voz interior hablando, ni la vitalidad que restaba en mí, que, de repente, se evaporaba, dejándome satisfactoriamente vacío, como en una nube de éxtasis...
Y entonces, desperté, todo rastro de ella no estaba, ni del fuerte peso que sometía a mis sentidos, ni del sopor sempiterno que me embriagaba, tampoco había rastro de mi vida, que, con ella, había desaparecido, no quedaba nada más en aquél lúgubre lugar que los restos de un hombre que ya no se aferraba a su existencia, con sangre en el pecho, y la huella en cenizas del beso de una succubo, que mientras él, por primera vez se sentía completo, drenaba todo lo que alguna vez hubo en él, para siempre.
N/a: Dedicado a Helga, mi sueño lúcido, quien en vez de nutrirse de la llama de la vida que hay en mí, la alimenta; la hace más brillante. <3
miércoles, 31 de agosto de 2011
domingo, 21 de agosto de 2011
Luna de mi vida
N/a: Yer jalan atthirari anni, Helga, khaleesi. ♥
Paso mis dedos por tu silueta, inalcanzable. Acaricio el vacío, idealizo en él tu presencia. Cierro mis dedos alrededor, y solo encuentro aire que huye también, quedo como al principio.
Busco el calor de un cuerpo cercano en la noche, pero solo encuentro la tórrida indiferencia de una fogata, que ilumina el bosque, en donde me encuentro perdido, buscándote.
El humo de la madera que se aleja de esta vida se alza a la inmensidad, a alcanzarte, más el insípido blanco que cubre el cielo responde en negativo, me devuelve a donde estaba, el inerte sonido de la danza entre carbones incandescentes, el bosque fundido en el olvido, y mi errático pensar.
Pasan los días, evanesces, sé que estás a mi lado, más para mis ojos eres etérea. Siento tus palabras de niebla rodeándome, me ahogan, pero no es más que viento para mis insensatos oídos humanos, que se ponen en mi contra, me traicionan, no me dejan alcanzarte.
Pasan entre mis venas, gotas amargas de sangre desteñida, aunque tu amor rodea mi ser, me cobija, mi corazón hecho de cenizas no me permite sentirlo, ni sentir el palpitar tan propio de él, enfermo, palpitar que bombea sangre blanquecina, palpitar que me debilita, me encadena a una dimensión maldita donde no puedo encontrarte, ¡oh!, luna de mi vida.
... Me aferro a tu silueta, a la luz que en campo abierto me protege, me ilumina. Te veo de lejos, infinita. Te siento arcana, te deseo corpórea, te sueño factible, más, desde mi prisión de carne y hueso, te reconozco imposible; luna de mi vida, ¡y quisiera ser un lobo!, aullarle al reflejo de tu imagen perfecta en el estanque de lágrimas perdidas, y una vez más, acaricio tu figura, invisible, y te hago dueña de lo que queda de mi vida, pues la locura me consume, me vuelve volátil; miscible.
Haces arder la sangre incolora en mi pecho, y estrangulas mi garganta con el nudo de tu ausencia, y sin embargo sigo aquí, moribundo, sin un par de alas para alcanzarte.
Solo puedo esperar, incinerado, a que la muerte me sonría, a que, como una ventisca de nieve, eleve mi alma hasta una dimensión desconocida, en donde al morir, no seas incorpórea, ni te oculte la neblina, donde, etéreos, inciertos e imposibles, podamos reunirnos, luna de mi vida.
Paso mis dedos por tu silueta, inalcanzable. Acaricio el vacío, idealizo en él tu presencia. Cierro mis dedos alrededor, y solo encuentro aire que huye también, quedo como al principio.
Busco el calor de un cuerpo cercano en la noche, pero solo encuentro la tórrida indiferencia de una fogata, que ilumina el bosque, en donde me encuentro perdido, buscándote.
El humo de la madera que se aleja de esta vida se alza a la inmensidad, a alcanzarte, más el insípido blanco que cubre el cielo responde en negativo, me devuelve a donde estaba, el inerte sonido de la danza entre carbones incandescentes, el bosque fundido en el olvido, y mi errático pensar.
Pasan los días, evanesces, sé que estás a mi lado, más para mis ojos eres etérea. Siento tus palabras de niebla rodeándome, me ahogan, pero no es más que viento para mis insensatos oídos humanos, que se ponen en mi contra, me traicionan, no me dejan alcanzarte.
Pasan entre mis venas, gotas amargas de sangre desteñida, aunque tu amor rodea mi ser, me cobija, mi corazón hecho de cenizas no me permite sentirlo, ni sentir el palpitar tan propio de él, enfermo, palpitar que bombea sangre blanquecina, palpitar que me debilita, me encadena a una dimensión maldita donde no puedo encontrarte, ¡oh!, luna de mi vida.
... Me aferro a tu silueta, a la luz que en campo abierto me protege, me ilumina. Te veo de lejos, infinita. Te siento arcana, te deseo corpórea, te sueño factible, más, desde mi prisión de carne y hueso, te reconozco imposible; luna de mi vida, ¡y quisiera ser un lobo!, aullarle al reflejo de tu imagen perfecta en el estanque de lágrimas perdidas, y una vez más, acaricio tu figura, invisible, y te hago dueña de lo que queda de mi vida, pues la locura me consume, me vuelve volátil; miscible.
Haces arder la sangre incolora en mi pecho, y estrangulas mi garganta con el nudo de tu ausencia, y sin embargo sigo aquí, moribundo, sin un par de alas para alcanzarte.
Solo puedo esperar, incinerado, a que la muerte me sonría, a que, como una ventisca de nieve, eleve mi alma hasta una dimensión desconocida, en donde al morir, no seas incorpórea, ni te oculte la neblina, donde, etéreos, inciertos e imposibles, podamos reunirnos, luna de mi vida.
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