domingo, 31 de octubre de 2010

Reminiscencia de un alma errática.

... ¿y qué podría decir de aquella noche?

La oscura bruma yacía posada en el cielo nocturno, mientras la luna iluminaba mi somnoliente estado casi humano, casi muerto, casi irreal. Recuerdo que caía una suave lluvia, generaba un cántico etéreo que adornaba tenuemente aquél paisaje para algunos terrorífico; para mí encantador.

Las hojas del roble, se veían de un color verde oscuro, casi negro, por la oscuridad que solo la luna hacía que no fuese absoluta, repiqueteaban las gotas en cada una de sus hojas, en cada rama. A veces habían corrientes de viento, entonces la lluvia corría diagonalmente: también se mojaba el tronco. El césped, a sus pies, no estaba a salvo, las gontas resvalaban, todo estaba húmedo, empapado. cada centímetro del parque, cada teja en el techo, cada suspiro invisible, cada caricia inexistente en las tristes almas de aquellos que paseaban solitarios: sin afán.

Mi alma, también estaba empapada de la lluvia, pero no había tristeza en mí, no quedaba nada. Nada, salvo el recuerdo de una figura que no existía más que en mi mente -eso creía yo- algo que habiá venido a mí en una pesadilla. Sus negras alas como un ángel de la muerte tapaban el sol en mi sueño, lo oscurecían, como si fuese un eclipse.

El tiempo seguía pasando inequívoco, insensible. Imperturvable. Solo la melodía multivariable del rocío me permitía saber que no estaba atascado, ya no se veía gente. Solo un espectro asomado por la ventana de un antiguo castillo, pero no me podían ver en la oscuridad. No hacía parte del paisaje; mientras pensaba que, todo había acabado por esta noche; que el embrujo de la luna ya no me tenía en trance, que la mágia del espectáculo estaba próxima a terminar... justo como la aparición estelar de la muerte en la cadencia de la vida, en el más claro matís de la existencia... apareció el artífice de mis pesadillas, aquél demonio alado.

Me encontré desvariante e indefenso; perturvado, sí, pero a la vez fascinado. Sin importar cuan real fue mi sueño, con qué detalle estaban marcadas las facciones de él, y cuán perplejo me había dejado, llegando a dudar de la realidad, temiendo dormir para no encontrarlo otra vez, sabía que estaba en la realidad en este momento: ningun rayo de sol podría despertarme.

Sus ojos de color negro como la profundidad de un lago, y de expreción vácua, distante... y sin embargo, tal vez por mi sugestión, parecían fijados en mi. Era la mismísima mirada de la muerte.

La inquebrantable armonía de la melodía caótica de la lluvia, fluía ahora acompañada por sus gritos, el inconfundible sonido de aquel cuervo... ese que indicaba venir por mi: buscarme. Incluso si no entendía, creía entender. Incluso; aunque hubiese reinado el silencio, su sola mirada era suficiente. El sonido infernal solo lo reafirmaba... me mostraba su inexorable astucia, la proximidad de mi final en aquella noche fría y lúgubre cubierta por la bruma del cielo. Nadie recordaría que pasó, aquél espectro en la ventana que nunca nadie vio simplemente dejaría de estar ahí.

En efecto... era la misma muerte; el era la muerte. Había venido a llevarme, y yo, lo había soñado. Sus plumas humedecidas parecían muy pesadas, pero él obviamente seguía su vuelo circular sin ningún esfuerzo. Como la gracia de las olas golpeando la arena blanca de las playas griegas, haciendo espuma inmaculada; así era su vuelo perfecto. Cada pluma, cada centímetro, de su ser, atraía la poca y mortecína luz de la luna como si fuese un agujero negro, nada aparte de él captaba mi atención ahora, hasta que interrumpió el círuclo perfecto de su vuelo esquemático: se dirigió casi perdido, casi difuso; errático, hacia mi, y tal como pasó en mis sueños, me fundí completamente en la oscuridad.

No recuerdo qué pasó después de eso, solo, nunca volví a ver la luz del sol. Nada que no fuese la luz de la luna me guiaba, las estrellas se apagaban a mi paso. No se qué pasó. Sólo pude ver aquél demonio alado de frente aproximarse; después de ello perdí la consciencia, me fundí con la oscuridad.

El espectro estático de la ventana, por fín se desprendió de aquellos marcos de madera que se podría con el paso del tiempo... es lo único que puedo decir. Después de iterminables lunas, y varios inviernos, comprendí simplemente que el cuervpo no era más que un mensajero de la muerte: quedas liberado de aquél castillo abandonado, fantasma. Pero jamás dejarás este lugar, vagarás cada noche quebrado y vacío por esta ciudad, solo acompañado por el sonido de la lluvia. Entonces comprendí, que ese demonio no era nadie más que yo, y que aquella pesadilla solo fue premunisión; que al igual que aqué cuervo, viajaría cada noche asustando otras almas perdidas, escondido y cobijado, por la inminente oscuridad, esa oscuridad que no era más que el reflejo de mi alma, la que alguna vez ocupó un cuerpo, la que ahora viaja incorpórea...


Y bien, Nat: siempre que suele haber una maraña en mis pensamientos y se revuelven como una densa nube difusa en la que irremediablemente nada puede salir, ahí estás tu para darle claridad a mi mente. Después de unos segundos, todo es tan claro como el reflejo de la luna en un manantial. Esto es para ti, muchas gracias.

Btw, hace mucho no escribía, espero que les guste

Réquiem de las llamas

Suena una pequeña orquesta en la bruma de la noche, y todo el silencio desaparece: se va junto a la oscuridad, la cual es precedida por el frío. Todos los matices de la perpetua noche van desapareciendo lentamente a su paso.

El incansable sonido se intensifica hasta llegar a mis oídos; ante mi se hace presente algo tan antiguo como la misma oscuridad, y tan fuerte que es capaz de consumirla... y solo el vacío extinguiría su furia.

La orquesta furiosa del fuego que arde llena mis oídos, suena la leña saltar hasta convertirse en la más ínfima expresión de la existencia en el planeta y aún negro y carbonado, sigue reluciendo la pasión del rojo vivo que soporta el calor infernal de aquél fuego incesable que se ha apoderado de una nueva velada. Este bosque en el que descansaba, tan negro como las otras noches, y frío como el ártico, ahora se ha convertido en un portal directo hacia el averno.

Hasta el último ápice de paz ha sido devorado esta noche, y hasta la luna se tiñe de color carmesí que el fuego inmaculado hace rugir como salido de la garganta de un dragón.

El espectáculo del cielo que pareciera de atardecer por sus interminable gama de colores y la bruma como de madrugada generados por el humo, se unen al compás del réquiem infernal. El verde se vuelve negro lentamente precedido por el rojo que lo consume fieramente.

Hasta el poderoso y soberbio roble del cual nacieron las runas, está siendo consumido por el demonio que ataca esta noche. Y yo, el espíritu del bosque, lo contemplo todo desde el balcón donde yacen las estrellas. Veo mi hogar ser devorado por aquél titan, y huelo el aroma de la sangre de los animales que se evapora... el olor de la madera quemada se mezcla con la sangre, y yo, inmerso en la poesía caótica del fuego consumiendo todo cuanto conocí, no puedo hacer más que contemplar el momento... un poco fundido con él, un poco sabiendo que soy el viento y solo avivo el calor; un poco melancólico por perder mi hogar. Y demasiado excitado para poder pensar en algo más que aquél hermoso calor, que tiñe la tenue noche; quitándomelo todo.

Las horas pasan como segundos, y el espectáculo ha llegado a su final. Dejando todo en oscuridad nuevamente, y una gélida luna escarlata; opaca por las nubes, pero con suficiente brillo para iluminar aquel cráter necrótico tapizado de ceniza, en donde alguna vez viví.

Llegan entonces los vientos del norte, y decido bajar de mi pedestal para fundirme con la ceniza de todo lo que representaba mi existencia... pues solo aquél bosque mantenía vivo mi recuerdo.

Una vez impregnado cada gramo de ceniza, siento el viento fluir, y me desplazo con el aire que está perfumado por el aroma del roble del cual nací una vez, hasta desvanecerme en las tórridas ventiscas, hasta desaparecer...

N/a:Esto lo escribí ayer, mientras esperaba que llegara una amiga. Hace unos días le dije a Nat, que iba a escribir algo para ella, porque me mostró un escrito suyo; y me encantó. Y bien, aquí está.

Sin nada más que decir, espero que les guste.

Feliz Samhain para todos.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Acerca de este pútrido Blog.

Well, esto NO es un escrito. Ni un poema, ni nada. Es una pregunta que me hizo una persona que quiero mucho, la cual, nunca pensé que me harían. Como es correspondiente al contenido de esta 'cosa' se me hace prudente publicarla. De todas formas, y teniendo en cuenta que nadie lee esta cosa, su existencia o no acá, no cambiará absolutamente nada.

Fanie:

¿Por qué la mayoría de tus escritos se tratan de silencio, mujeres derramando una sola lágrima y sangre? No mal interpretes, me gustan mucho todos.

Mi respuesta:

No me había dado cuenta de lo de las lágrimas ahora que lo dices; en todo caso... creo que todos hablan de la misma mujer, enmarcada en personajes diferentes, y well, la sangre, tal vez es porque es algo que me fascina; a la persona que iban la mayoría de esos escritos le fascinaba también, y le solía escribir a ella sobre eso. Porque a los dos nos encantaba la idea de morir, y bueno.. ¿Por qué una muerte estéril y sin gracia en una clínica o una cama con mucha senilidad? Yo preferiría en todo caso una muerte con sangre, sentirla correr lento, sin presiones, con calma, la sangre fluyendo cálida y lenta, mientras se acerca a la muerte... También hay frío casi siempre, ¿Por qué? Porque me encanta, quisiera morir desangrándome en el hielo, y ver como éste se va tiñendo con mi sangre. Pero supongo que son cosas que nunca pasarán, y well, he dejado de escribir como lo hacía antes por... no se, además de aquella escritura tan monotemática mía, tu sabes; las cosas cambian, la gente cambia, la inspiración desaparece y well... Como era de esperarse, todo se quedó en palabras en un blog monótono y mal arreglado que -casi- nadie lee, en todo caso; no estoy triste por eso, solo recalco la ironía de las cosas, y vuelvo a acariciar la idea de morir en batalla con una espada -cosa que tampoco pasará-

Parece que le estuviera hablando a esa persona, pero no, te comento a tí y como raro me extiendo en las cosas.... debería aprender a hacer un resumen, y omitir las cosas subjetivas o irrelevantes, perdoname.

Se me olvidó agregar: El último -Dämmerung- es para una persona totalmetne distinta. Obviamente, este último dato es igual de irrelevante que toda la demás información aquí plasmada.

martes, 21 de septiembre de 2010

Dämmerung

En verdad... ha pasado tanto tiempo; pero lo recuerdo, como si hubiera sido ayer. Ah, aquella noche. Cada vez que veo la luna, un impulso nervioso me recorre y estoy de nuevo en aquella habitación. Inexorablemente, siempre en el mismo lugar, solo una vez como partícipe, todo un siglo como observador.

No se si es alguna especie de castigo, no se si a esto le llaman karma. En todo caso, era para mi, un placer tan grande e intenso, que aveces llegaba a lastimarme. Me desesperaba en ocaciones, como me desesperaba en otras cuando todo se estaba acabando y la sombra de la ilusión se iba desvaneciendo, y yo volvía a la realidad.

La lúgubre sala, era debilmente iluminada por la luna, una luna llena y perfecta como la de esta noche, su luz entraba grácil por entre las ventanas sin cortinas, el intenso tono negro que rodeaba aquella pequeña sala, ahora se tornaba gris. En realidad, nuestra vida giraba en blanco y negro. Pasaba en blanco y negro; acabaría en blanco y negro.... ¿o no?

Los rayos de luz de la luna, eran aún más fuertes que los del sol en verano, o así me parecía. En todo caso, el metal de los cuchillos y los candelabros de la mesa, reflejaban aquella luz. La daga los reflejaba también. Las copas, transparentes e inmaculadas, podían reflejar, en cambio, el color de tus ojos..., que tal vez, si hubiera sido un poco más temprano, se habría visto de su color original, un violeta místico, no como otro gris más profundo, como sucedía en este momento.

¿Podré algun día, encontrar las palabras para definir, qué sentía en ese momento, y qué sentí después, con total exactitud? Lo dudo... aún así, sigo haciendo todo lo posible.

Mientras el sonido del cielo adornaba el entorno, oía los débiles suspiros que salían de tus labios, como poemas camuflados entre la bruma. Y una vista aún más inquietante que la mísma escena del comedor la ventana la luz y los reflejos, era observar tu cuello. Aquél cuello en el que fluía la pasión, eso mismo. La sangre traducida en pasión, me pedía a gritos que la tomara, me imploraba que la bebiese, y tal vez... la lujuria fue más fuerte que yo. Me pareció una idea sencillamente encantadora. ¿Cómo podría decirle que no? Aquella era la bebida que se encontraba en el caliz prohibido del deseo. Aquella, era la llave de la libertad. Aquella; era nuestra entrada al bosque del olvido.

Mientras contemplaba la idea, una y otra vez; un sonido rompió el silencio de la noche. Era el llanto de un cuervo, imnótico y poderozo. Su canto me advirtió de cuan sabia era la desición, -hazlo- decía y yo; no hice más que obedecer a mi institno. Sigo preguntándome si aquél cuervo era mi subcosnciente, o si en verdad estuvo ahí.

Recuerdo haberme deslizado como una sombra, haber posado mi mano sobre la tuya,haber subido lentamente desde tu muñeca hasta tu hombro, subí lentamente hasta el cuello.... y con mi otra mano, desvié tu cara hacia la mía, te besé. Nos fundimos en un beso tan profundo como la oscuridad del universo; entonces, rápidamente, mientras la mágia efímera del último beso mortal duraba, desgarré lentamente el cuello con mis dedos, sentí como se rasgaba la piel, tuve la segunda sensación cálida de toda la noche: La primera habían sido tus labios, la segunda era tu sangre en mis dedos.

Mientras hacía el corte, se escapó el más apasionado suspiro que haya sentido. Creí que el universo nacería de nuevo después de esto; ¿No fue así?. Rápidamente, sin perder un segundo, pero con la misma delicadeza que habia subido, baje mis labios hasta tu cuello, y lo mordí, para crear una insición mayor, para poder beber.

Por pirmera vez en la noche, y en realidad, en mucho tiempo; hubo un color además de los negros grises y blancos: el profundo carmín que emanaba de tu cuello hacia mis labios y manchaba tu piel, era ahora dominante en aquella lúgubre habitación, y mientras tu me dabas un suspiro en el que fluía tu vida hacia mi, yo; te daba el abrazo de la muerte, el gélido beso que te llevaría más allá.

Mientras los dos nos fundíamos en ese ligero hilo entre la vida y la muerte, fuimos transportados al bosque del olvido. Un bosque que solo habitaría en nuestros seres incorpóreos, en nuestras mentes inmortales. Porque al igual que el bosque, nuestra existencia había sido olvidada hace mucho. Y ahora; ni siquiera existíamos, no en esa dimensión de la que acabábamos de salir, por lo menos.

El mágico y arcano bosque del olvido, estaba abajo del cielo de la noche triste, abajo de una luna carmesí; rodeado de nubes de suspiros, adornado por las melancólinas estrellas violeta de lo más recóndito del universo, iluminado por tus ojos, protegido por el fuego azul y la aurora boreal.

Sigo sin saber cuanto tiempo ha pasado: no existe en esta dimensión. Mientras más nos adentramos en el bosque, más olvido mi vida de mortal. Solo recuerdo mi inexistencia junto a tí, solo ella tiene significado. Lo he olvidado absolutamente todo. Menos, claro; aquél recuerdo de esa noche que me viene a la mente junto a la luna, en la que nuestra vida a blanco y negro dejó de existir, cuando fue adornada con tu enigmática sangre carmín.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Sin titulo.

Allí estabamos otra vez, en la oscuridad de esa habitación, solo iluminada por la moribunda luz de una vela, que cambiaríamos dentro de poco, una y otra vez. El tiempo pasaba igualmente denso, igualmente pesado, igualmente fatigándonos, igualmente incambiable. Igualmente abrumador, monotono.

Aún así, siempre estabamos ahí, aunque nada cambiara, nosotros tampoco lo hacíamos, lo único distinto era la posición de las agujas del reloj. Ese gran reloj viejo en la pared del fondo, no sabíamos cuanto tiempo llevaba ahí... tampoco sabíamos cuánto tiempo llevábamos nosotros ahí, solo sabíamos de manera incosciente del abrumador peso de la realidad. Pero nos negábamos a verla... hasta el momento que decidí, dejar esa pequeña máscara de fingida felicidad que llevábamos el uno para el otro y ví más allá.

Ahora, consciente del sonido inagotable del reloj, ese viejo reloj que seguía cada segundo, como siguen moviendose las estrellas en el cielo, no hacía nada más que hacerme desear fundirme en mis pensamientos, su sonido desesperante, me invitaba a fundirme en la mente: analizar nuestra triste existencia.

Llevábamos mucho tiempo juntos, o tal vez, no mucho, solo el suficiente. Da igual, en todo caso, ahora que me ponía a pensar en ello y veía adelante del velo en el que vivíamos me había dado cuenta de algo: éramos como dos fichas de domino. Eso me hizo alegrar por un momento pero, después fui más allá, y descubrí algo un poco peor: Eramos dos fichas totalmente diferentes, no había forma en nosotros de encajar, no había lugar en esta lúgubre habitación para que pudiesemos existir los dos al tiempo. Los dos lo sabíamos, pero esa era la realidad que habíamos decidido evitar, y tratar de inventar otra realidad más complaciente pero aún más debastadora con el paso del tiempo. Tal vez... la rutina y la monotonía serían un lazo más fuerte que el que podría haber si fuesemos fichas iguales. Estábamos equivocados.

Mientras mi mirada estaba perdida en las agujas del reloj y él seguía indicando que el tiempo no se había detenido, y tu mirada buscaba en mi como si fuese un libro, tratando de explciarte qué estaba pensando, volví a la dimensión de la cual nunca debí salir; la habitación, ahora, con un conocimiento frío y crudo del cual huimos por indeterminado tiempo, no podría volver a sonreír de la forma ingenua que lo había hehco antes, tal vez... ese amor era real pero estaba enfermo y condenado, y su condena eramos tu y yo.

Una de las dos velas que nos brindaban la poca luz que teníamos se apagó, y entendí que con ella... se había apagado también la máscara que llevé por tí todo este tiempo. Un destello de cordura: Un acto racional, a media luz como estábamos ahora, y con la duda invadiendo tu rostro, me di cuenta que la única forma de salir de esta mentira sería la muerte. Y yo ya estaba muerto, muerto como ese amor enfermo que teníamos tu y yo, el cual se desvaneció con la vela, y con la máscara, y con la sonrisa de mi rostro, dejando en el tuyo una pequeña lágrima. Una fría y triste lágrima de inquietud, de soledad... Porque, estábamos al lado tu y yo pero, estar cerca a alguien no es lo mismo que estar acompañado... y lo único que pudimos ver claramente en esa reducida habitación, era que habíamos estado solos todo este tiempo... Que la pesadilla en la que el lobo había devorado al cuervo se había vuelto realidad. El lobo era ese reloj, era el tiempo, era la habitación, eran los segundos que no se detenían, eran los besos rotos, eran los tristes silencios, eran los suspiros restringidos, era nuestra realidad maldita, era aquél dominó. El lobo era ver a través de tus ojos y entender que como cualquier otro amor, necesitaba un imposible, y ese imposible éramos tu y yo. El lobo era, después de todo, el puñal que estaba sobre la mesa. Y el cuervo era nuestro amor enfermo y quebrado.

El silencio. Un suspiro. El reloj. La luz. La oscuridad. Tu. El puñal. Las horas. Los días. Los recuerdos. Un final.

Sin nada más que decir, sumergidos en la amargura del adiós, te entregué la salida de esta pútrida dimensión y espacio tiempo en el cual nos habíamos encontrado. Cogí el puñal y me acerqué lentamente, sabías que iba a pasar pero no hiciste nada, lo estabas esperando desde el momento en que la lágrima salió, tal vez llorabas porque estabamos al lado del otro pero no estabamos juntos, y después de este momento, ni siquiera eso tendríamos... Ni siquiera habría otra persona al lado de nuestra soledad. Lo entendí, las lágrimas fluyeron de mi también y nublaron mi vista, pero no mi determinación, la desición estaba tomada y esta vez si tenía oportunidad de hacer algo. Esta vez no sentiría la frustración de no poder apaciguar tu dolor, de no poder secar tus lágrimas, de no darle calor a tu corazón. No sentiría la frustración de no ser el mismo tipo de ficha que tú, la frustración de estar aquí atrapados, de no poder salir e ir hacia el hielo, de no poder morir congelado por hipotermia estando a tu lado. La frustración de no poder eliminar la tristeza, de alivianar el sufrimiento. La frustración de saber que te amo y me amas, pero que el imposible en esta historia somos tu y yo. La frustración de seguir oyendo el sonido del reloj.

Mientras se apagaa la última vel,a que tal vez estaba ligada a tu vida, apuñalé tu cuello, desgarré tu corazón, una puñalada por cada manecilla en el reloj. Me quedé simplemente observando que te ibas para siempre, por mi culpa, que ahora, ese reloj sonaría cada vez más duro, mostrándole a mi cerebro la imágen de tu recuerdo. Un último beso roto, un último suspiro para nuestro amor quebrado. Mientras mis manos se teñían de carmín, de rojo oscuro, y mi alma alumbraba con la intensidad de una luna carmesí, tus labios se teñían de azul, y tu piel perdía color. El fuego en tus ojos se apagaba, tus labios tomaron forma para decir unas ultimas palabras, con tu voz apagada y moribunda con un último esfuerzo, una delicada despedida, un hasta luego, un corto adiós. Pero en ese momento la muerte te abrazó.
Tal vez al morir no importe que no seamos la mísma ficha en el dominó. Tal vez, solo tal vez, después de morir, no tengamos que compartir la soledad, porque tal vez... Solo tal vez, después de morir y volvernos incorpóreos, ese roto amor de suspiros restringidos, tenga un lugar en esa dimensión, tal vez, solo tal vez, en el reino de la muerte los equívocos e imposibles tengan un lugar... Por eso te mato hoy, para que te encuentres en el más allá, con mi necrótico corazón.

jueves, 12 de agosto de 2010

... El cuchillo desgarra tu cuello. Tu ausencia desgarra mi alma.

No se cuanto tiempo ha pasado. En efecto, deje de pensar en él, ya no importaba; no había a dónde llegar puntual, o impuntual, a dónde moverse. No importaba si salía el sol o se desbanecía la luna. No importaba nada.

He visto nacer la luna incontables veces, siempre nace como con desprecio hacía mí. Me he dado cuenta que las estrellas dejaron de brillar como lo hacían antes: Con gracia. Ahora lo hacen por obligación. O por lo menos, eso es lo que me muestran a mí cuando me decido a observarlas. Los demás siempre dicen que se ven cada día más hermosas. Claro.El sol es más brillante y caluroso cada día; el frío desaparece, me siento como en un infierno, aunque la gente cada día se vista con más ropa, como huyéndole al frío inexistente. Tal vez, es que todo el frío está concentrado en mi corazón y mi alma; y por eos no lo puedo sentir. Pero sigo sintiendo cada vez más fuerte el calor de tus labios junto a los míos, aunque ya no esten aquí. ¿O sí están?

La luna no volvió a ser roja. Las estrellas perdieron su belleza; el frío desapareció, todo se fue, sin dejar rastro. Se fue junto a tí.

Tal vez por eso estoy aquí parado mientras llueve, aunque hay neblina por el choque térmico, parece lluvia ácida para mí: Me quema. O tal vez no. Tal vez me quema tu ausencia, aún así; me estoy quemando, cada día más, cada día más lentamente, cada día irremediablemente.Creo que la gente que de casualidad pasa a píe me mira entre la niebla con cara de: Pobre hombre, me tienen lástima, y yo les digo que no se preocupen, que es inútil; que es suficiente con la lástima que me tengo yo mísmo: es demaciada.

Y te decía, sin saber cuanto tiempo ha pasado, cuantos inviernos que parecen veranos, y cuantos veranos que parecen el interior d eun volcán han pasado, nunca te dije qué pasó; para eso estoy aquí. No porque me sienta desesperado -¿O sí?-. No porque crea que si lo hago volverá el frío, se que no volverá; porque se fue de la mano contigo. Tal vez es sólo que me siento demasiado solo, y me vea obligado a hablarle a una tumba. O tal vez, no había reunido las fuerzas de venir a decirte qué pasó. Tal vez, y solo tal vez, la fuerza que reuní cuando te maté era toda la que podría existir alguna vez en mi; junta.

El cielo era una hermosa mezcla entre azul oscuro y gris; las nues eran densas, las estrellas brillaban elegantes, y la luna, tenía el color -aunque desbanecido- de un vino, Malbec tal vez, con un ligero tinte rosado. Y tu, -porque aunque no parezca, yo lo sé mejor que tú- Te veías hermosa. Tus mejillas estaban un poco sonrojadas, el rubor era tal vez por el clima, tus ojos brillaban, irradiaban hermosura, tus labios de color natural, tenian un ligero encantamiento en ellos que me enloquecía, y el negro te quedaba sencillamente precioso. Traías un listón rojo para detener el cabello, el cual, como si nada, se seguía moviendo impulsado por el viento que soplaba alegre: No te hacía caso.Tus uñas, negras también, parecían como un espejo de mi alma, más oscuras que el mar, contrastaan muy bien con tu color de piel. Y había algo en ti que simplemente me enloquecía aún más que de costumbre. Tal vez por eso, me decidí a actuar, no sé. No sé.

¿Sabes? Creo que algo se comió nuestra voz mientras caminábamos a casa, porque no pronunciamos palabra alguna. Mano a mano caminábamos mecánicamente, aveces nos mirabamos a los ojos, otras veces te abrazaba y caminábamos así hasta estar a punto de caernos; los dos sabíamos cuando parar y seguir caminando con normalidad. La sonrisa en tus labios era suficiente para saber: 'Te vas a caer, y yo contigo, es suficiente' Y después de un corto -pero mágico, como siempre- beso, seguíamos nuestro camino. Tal vez pensabas en qué pensaba yo. Y en lo único que pensaba no se te habría pasado jamás por la mente: Pensaba en ti.Yo... pensaba que tú pensabas en qué pensaba yo. Lo sabía,

En verdad, ese listón en tu cabello me hacía pensar: El rojo te va muy bien. Pero ya no estaba ahí, lo quitaste porque no estaba haciendo su labor, medio enojada. Yo sonreí con un ligero toque burlesco, y acaricié tu rostro, moviendo tu cabello detrás de la oreja; te sonrojaste, te abracé. Un último beso antes de caernos.

Al caer se ensució mi ropa, pero no importaba; siempre estaba sucia, caiste encima de mí así que no te pasó nada. Sonreiste diciendo: ¡TE LO DIJE! yo simplemente te ayudé a parar, y me golpeé la cola para sacudir el polvo. Me miraste con cara de: Yo te ayudo, después te reíste como diciendo: En realidad no te ayudo, y seguimos caminando: Llegamos a casa.

Entraste, prendimos las luces y fuiste a la habitación, mientras tanto yo puse algo de música; Lizt. Serví Merlot, y te esperé de píe todavía. Me quité los zapatos y los voté muy lejos para ocultar el apestoso olor de mis píes. No, es broma; fue por movimiento reflejo, costumbre, mis píes no olían a nada; Eso sí, rompí un florero... Menos mal los acordes de Yundi Li no te dejaron oir nada. Nada más que La Campanella obviamente, ya había cometido muchas torpesas hoy, bueno, no muchas; las mísmas -calculo- que todos los días, pero todos los días hacía muchas torpezas así que... En fin.

Traías tu Pijama, parecías Campanita, pero con el cabello negro. Saliste sonriendo, como pensando: ¡Rompiste un florero idiota! -creo- y un poco más sonrojada que de costumbre; tantos meses viviendo juntos, y aún te sonrojabas, ¿Había algo más adorable que tú? No. Y cuando intentabas hacerme ver, que segun tú habían miles de cosas más adorables; lucías aún más adorable.

En todo caso, aún no se por qué, te dirijiste directo a mi, con esa sonrisa cegadora y paralizante, y cruzaste tus brazos detrás de mi cuello, mordiste mi labio, el de abajo, hasta que salió sangre, y cuando tus labios se tiñeron de rojo, pasaste lentamente tu lengua por tus labios, recogiendo la sangre. Casi morí en ese momento. Muchas sensasiones al tiempo, todas relacionadas contigo. Al ver eso mi adrenalina subió; creo que la endorfina y testosterona también, y obviamente mis niveles de fenil-etil-amina estaban al máximo; todo gracias a ti. Eras como una especie de droga, y la droga te mata. ¿Entiendes? Ser mi droga, mi amor, mi todo, era una especie de suicidio. Un suicidio que habíamos aceptado los dos sin tituvear.

Mientras pasaba el tiempo, La Campanella había acabado, y ahora sonaba la 'Fantasia' Improntu, era un disco con una mezcla de Yundi Li que habíamos comprado una vez después de un recital de él.

Se acabó el vino. Fuí por más, me detuviste. Solo importabamos tu y yo en ese momento; y mientras estaamos así, entrelazados en ese abrazo infinito, besaba tu cuello; luego te decía al oido todo -en realidad no todo, solo lo que podía expresar en palabras- lo que significabas para mi. Suspirabas. Aunque lo hacía de forma muda, creo que los suspiros que viajaban desde mis labios, por tu cuello y tus oídos, te transmitían todo lo que quería decir: Seguíamos mudos.Cuando acabó la Fantasía fui por más vino, mientras tu tenías los ojos cerrados. En ese momento sonaba el Concierto para Piano y Orquesta No. 1 de Chopin, ¿Por qué comenzó por el segundo movimiento? No importaba. No te diste cuenta pero, cogí un cuchillo. La sangre iba demasiado bien contigo, y te había hablado de forma inconcreta innumerables veces de la muerte, de morir, y ese día era el momento en que mis palabras y mis actos encontrarían coherencia. Hoy me doy cuenta que prefiero ser incoherente. Pero ya es demasiado tarde.¿Sabes? No es tarde porque hayas muerto. Es tarde porque yo sigo vivo.

Te abracé por la espalda, te entregué la copa. Bebiste, las dejamos caer, no se rompiero por la alfombra. Mientras te abrazaba en un último beso; y tu cuello se mostraba hacia mi, irresistible y alargado, con el afilado cuchillo desgarré tu cuello, no del todo; de forma delicada. Pero había cortado la arteria. Te desangrabas, no dijiste nada, no dejaste de besarme. ¿Qué pasaba por tu mente en ese estado de consciencia alterado al perder 10% ~ 30% de sangre? Nunca lo sabré.Mientras el sabor de tu sangre inundaba mis labios, y el suelo, tu piel y tu pijama se manchaban de carmesí, la vida salia con el último beso por tus labios, al salir arrebató la mía, pero no lo hizo del todo: No le alcanzó el tiempo. Caiste muerta, junto a la última nota del segundo movimiento. Fue una muerte hermosa y simétrica. Pero incompleta; vuelvo a decir: Yo sigo vivo.

Creo que, en efecto eras veneno, y lo sigues siendo, solo que no hizo un efecto debastador en vida. Pero ahora, muerta, era in-imaginablemente destructivo. Te llevaste parte de mi vida al morir, ¿Por qué no la tomaste completa si era toda tuya? Tal vez no la viste necesaria en ese sendero de muerte... tal vez no era necesaria. Tal vez fue la mala suerte. O tal vez 'crimen y castigo' en verdad era una ley universal así como las termodinámicas.

Creo que alguna vez hace algunos años en Agosto del 2010 -¿Cuánto tiempo habrá pasado?- Te hablé de cómo sería mi vida sin ti. Estaba equivocado. No estaba ni cerca. Ni el 10%. Ni siquiera hoy, aquí, te puedo explicar cuan triste es vivir sin ti, a mi... no me queda nada. ¿Por qué? Porque tu eras mi todo. Hoy... solo puedo decir que no vivía para matarte. Vivía para morir contigo. Ahora no deseo morir, porque no puedo morir a tu lado. Ahora solo deseo despertar en otra realidad junto a tí. No importa si para morir, o para vivir todos los días: No importa. sólo importa estar juntos, solo importa que seas mi complemento, solo importa besarte una vez más, un último beso dividido en quincemil.

Todo está dicho, el ácido que cae me derrite. Me iré hoy, pero volveré mañana a seguir teniendo la ilusión que estas a mi lado. Que tu esíritu saldrá de la tumba y se robará mi soledad, te materializará con ella y estarás junto a mi. No va a pasar.

Hasta mañana, y hasta nunca, amor. Porque aunque muera en esta vida. Ya estarás demasiado lejos en el reino de la muerte, para que te vea algún día. Espero amanecer en otra realidad. Espero que sólo tú seas mi realidad. Espero que ese vacío que quedó en mi alma cuando te desbaneciste de esta vida, se expanda hasta que me desaparesca a mi también. Solo espero... Volver a susurrarte al oido: Te amo. Te amo. Te amo...

jueves, 22 de julio de 2010

El lobo y el cuervo.

Escucharás, amor; mientras caes muerta lentamente, de mis labios fúnebres y resecos, la historia escrita con tinta carmesí, tinta venenosa, tinta que antes de estar en la pluma era sangre saliendo de mis brazos. La misma que bebiste con tanto placer siempre que nos pudimos juntar, luz y oscuridad, como un eclipse alumbrando el paisaje estelar.

Corvus Cryptoleucus. Un espécimen más, nada salido de la realidad, con una pequeña diferencia, él no quería dejar de volar.
Abrió sus ojos pálidos y expresivos. Denotaban soledad, mirarlos daba frío, se levantó por última vez del suelo; entonces comenzó a volar.

Búsqueda de soledad, de noche pasional, dejando un mundo terrenal, emergiendo hacia la fría inmensidad.
Cielo colorado, noche de luna llena, noche estrellada, luna de muerte eterna, muerte venenosa, muerte corrosiva, veneno de petalos y rosas, rosas nacidas en tumbas, matizando el sueño sepulcral.

El lobo que siempre acompañó al cuervo, lo miraba triste, lo miraba incierto, quería acompañarlo, moría por seguirlo, por volver a compartir, el frío intenso de sus interminables nevadas.
El cuervo miró atrás, le dijo que lo acompañara, pero el lobo no pudo ir. ¿Cómo podría volar sin alas?

Soledad eterna, les esperaba a los dos, despedirse era duro; ya no quedaba otra opción. El lobo rugió fuerte, expresando un adiós... esperó por si él volvía, pero al final nunca volvió. Pasaron meses y años; y el lobo se congeló.

El cuervo lloró su mente, la sintió en el fondo de su alma.
suspiró y siguió volando, hacia la ténue luz del alba.
Siguió su camino, de lenta asención.
recorrería al fin la galaxia, en busca de redención.

Lloró por la luna, cantó a las estrellas, pensando en el lobo, pensando en la tierra, en el mar, en el agua, y en la muerte tan bella.
El frío era intenso, el paisaje era oscuro, la presión era densa, y el horizonte inconcluso.

Estrellas fugaces, de calor incandesente, pasaban junto al cuervo, lo debilitaban lentamente.
El final del cuervo, al fin había llegado, chocó con una estrella, que lo desintegró rápidamente.

–Triste final dijiste despacio y te oí sollozar.
Aun no acaba querida, no me acabado de hablar, ten calma –te dije; suspiraré al terminar.

Quemóse su cuerpo. Rompióse su alma, dañóse sus alas, quebróse su cara.
Partículas y moléculas, volvióse el cuervo, expulsado del universo, desterrado de la galaxia.
Transportóse, Oh, pobre cuervo, a incontable distancia.

Llegó incorpóreo, a una nueva dimensión, donde no existía el frío, donde no existía el sol.
El cuervo, ya muerto, volvió a suspirar, pues ¿Qué vio? No vio nada menos; vio al lobo pasar.

¡Oh, lobo amado! , gritó sin pensar, te veo y no creo, que esto pueda pasar.
¿Qué es esto, dónde estamos? No puedo imaginar. Es la muerte; dijo el lobo, comenzando a llorar.

Paisajes ocultos, de deseos secretos, así era la muerte, de sollozos y destellos.
Cielo boreal, jardín glacial, por nieve cubiertos.
Suspiraron juntos, por fin satisfechos, esto era, sin duda, por lo que esperarían milenios.
Esto era, eternamente, el paisaje mortífero, donde sólo existían ellos.

Vino y veneno, armonioso inframundo.
disfrutaban, lobo y cuervo, bajo un clima nocturno.

Aquí no existe el tiempo, acá no hay final, esto es, querido cuervo, donde siempre quise estar.
Aquí era, lobo amado; donde viajaba en mis sueños, Es aquí, oh, cuervo negro, donde podemos descansar.

Juntos en un ultimo aullido, desgarrando el silencio, expresarn lobo y cuervo, un sentimiento etereo.
Con las almas desfragmentadas, sopló el fuerte viento, los separó inminentemente de su paraiso eterno.

El hielo juntó al lobo, el fuego unió al cuervo; se volvieron sol y luna, brillando en el firmamento.
En el paraíso ahora hay dia, antecedido por la noche, noche y día, estan cargados, de un ténue sentimiento.
Tristemente separados, esperan lobo y cuervo, la llegada de un eclipse, para juntarse un momento.


Cuando en el paraiso llueve, se dice; son las lagrimas de la luna, separada de su amor.... desde el nacimiento, hasta la sepultura.
Cuando hay lluvia de estrellas, se murmura que es el sol, que espera, ilusionado, re encontrarse con su amor.

El silencio cubre mi rostro, y se me escapa un suspiro, con un nudo en la garganta; un poco triste al fin te digo:
Terminé por fin, amor, la historia del lobo y el cuervo, el nacimiento de la luna y el sol.

Me miras agonizante, una sonrisa cubre tu rostro; la vida se te extingue, me ves como un ser ilusorio.
sostienes mi mano sin fuerzas, me mandas un beso de viento que me llega al corazón, dices que al igual que el cuervo al lobo... es momento de decir adiós.


Si volviera a nacer, desearía que fueras la luna, y que yo fuera el sol, para encontrarme con tigo en los eclipses, porque es preferible pasar 10 segundos con tigo... Que soportar una eternidad sin ti, y si en definitiva, llego a morir esta noche, quiero que sepas que me convertiré en cuervo y volaré al pie de tu ventana, para acompañar la soledad de tus noches quebradas eternamente, para llenar el vacío y encontrar mil razones, que ilumínen tu vida, que te hagan querer seguir adelante. Nunca busqué una razón para vivir, creo que no la tengo, de hecho, pero quiero que sepas, que si vivir necesita una razón y un por qué; eres tú, indudablemente, por quien sigo abriendo los ojos todos los días, aunque en mis sueños vuele libre, y en vida esté encadenado. Eres tú, quien hace que las cadenas que atan mi cuello, pierdan su peso y dejen de existir, por eso, cada mañana despierto vueto mierda, porque no estas junto a mi.


Dedicado a Miu, que siempre me da ánimos para seguir escribiendo. Dedicado a mi hermanita Chuu, que me dio la idea de escribir este poema, y obviamente, y sin dudarlo un segundo, dedicado a Tallulah